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1.Somos

¿QUIENES SOMOS?

Somos una porción del pueblo de Dios adscrito a la Parroquia de la zona, y que nos proponemos ser sembradores de paz y de alegría, con la gracia de Dios.

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Recientemente, un nuevo equipo colaborador ha ayudado a la edición del número 1 de la revista de nuestra parroquia; de camino, ya está el número dos.


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Si quieres colaborar, no lo dudes y contacta con nosotros. Entre todos haremos de nuestra Parroquia un lugar de encuentro vivo y de Eucaristía.

¡Siempre bienvenidos!

 

CONTACTO

Avda. Ingeniero Ángel Mayo, 14

11407 JEREZ DE LA FRONTERA (CÁDIZ)

Telf. 956 311 514

Correo electrónico: parroquiasanbenito@gmail.com

 

NUESTRO PATRÓN: SAN BENITO ABAD

La fiesta de San Benito se celebra el 11 de julio. Fue un santo abad, considerado el Patrón de Europa y el Patriarca del monasticismo occidental.

Italia, 480-547. Benito significa “Bendecido”.

En 1980, San Juan Pablo II nombró Patrono de toda Europa a San Benito, en el XV Centenario de su nacimiento, porque fue el santo que mayor influencia ejerció en este continente, por medio de acción de la comunidad religiosa que fundó, y gracias a sus escritos y sabias enseñanzas.

VIDA Y OBRA

San Benito nació en Nursia (Italia, cerca de Roma) en el año 480. De padres acomodados, fue enviado a Roma a estudiar filosofía y letras, y se nota que aprendió muy bien el idioma nacional (que era el latín) porque sus escritos están redactados en muy buen estilo.

Todos los datos de su biografía los tomamos de la Vida de San Benito, escrita por San Gregorio Magno, que fue monje de su comunidad benedictina.

Su primera huida. La ciudad de Roma estaba habitada por una mezcla de cristianos fervorosos, cristianos relajados, paganos, ateos, bárbaros y toda clase de gentes de diversos países y de variadas creencias, y el ambiente, especialmente el de la juventud, era espantosamente relajado. Así que Benito se dio cuenta de que si permanecía allá en medio de esa sociedad tan dañada, iba a llegar a ser un tremendo corrompido. Y sabía muy bien que en la lucha contra el pecado y la corrupción resultan vencedores los que en apariencia son “cobardes”, o sea, los que huyen de las ocasiones y se alejan de las personas malvadas. Por eso huyó de la ciudad y se fue a un pueblecito alejado, a rezar, meditar y hacer penitencia.

Pequeño percance y segunda huida. Se cuenta que Benito vio a una pobre mujer llorando porque se le había partido un precioso jarrón que era ajeno; así que Benito rezó y le dio la bendición, y el jarrón volvió a quedar como si nada le hubiera pasado. Esto conmovió mucho a las gentes del pueblo y empezaron a venerarlo como un santo. Entonces tuvo que salir huyendo hacia más lejos.

Principios heroicos. Se fue hacia una región totalmente deshabitada y en un sitio llamado “Subiaco”(que significa: debajo del lago, porque había allí cuevas debajo del agua) Allí se retiró a vivir en una roca, rodeada de malezas y de espinos, donde era dificilísimo subir. Un monje que vivía por los alrededores lo instruyó acerca de cómo ser un buen religioso y le llevaba un pan cada día. Un día, unos pastores lo encontraron y su pusieron a hablar con él; se quedaron maravillados de sus buenos consejos. Contaron la noticia, y mucha gente empezó a visitarlo para pedirle que les aconsejara y enseñara.

Nombrado superior contra su voluntad. Y sucedió que otros hombres, cansados de la corrupción de la ciudad, se fueron a aquellos lugares deshabitados a rezar y a hacer penitencia, y al darse cuenta de la gran santidad de Benito, aunque él era más joven que los otros, le rogaron que aceptara ser el superior de todos ellos. El santo no quería porque sabía que varios de ellos eran gente difícil de gobernar, y porque personalmente era muy exigente con los que querían llegar a la santidad. Pero tanto le rogaron que al fin aceptó el cargo de superior. Con todos ellos fundó allí 12 pequeños conventos de religiosos, cada uno con un superior o abad. El tenía la dirección general de todo.

Primer atentado.  Cuando algunos de aquellos hombres se dieron cuenta de que Benito como superior era exigente y no permitía “vivir prendiéndole un vela a Dios y otra al diablo”, que no permitía vivir en esa vida de retiro tan viciosamente como si se viviera en el mundo, dispusieron deshacerse de él y matarlo. Por ello, echaron un fuerte veneno en la copa de vino que él se iba a tomar. Pero el santo dio una bendición a la copa, y esta saltó por los aires hecha mil pedazos. Entonces se dio cuenta de que su vida corría peligro entre aquellos hombres, y renunció a su cargo, se alejó de allí.

Terribles Tentaciones. Al joven Benito le llegaron espantosas tentaciones. Rezaba y pedía ayudas al cielo, y al fin cuando sintió que ya iba a consentir, se lanzó contra un matorral lleno de punzantes espinas y se revolcó allí hasta que todo su cuerpo quedó herido y lastimado. Así, mediante esas heridas corporales logró curar las heridas de su alma, y la tentación impura se alejó de él.

Su fundación más conocida. Con unos discípulos que le habían sido siempre fieles (San Mauro, San Plácido, entre otros), se dirigió hacia un monte escarpado, llamado Monte Casino. Allá iba a fundar su famosísima Comunidad de Benedictinos. En el año 530, después de ayunar y rezar por 40 días, empezó la construcción del convento, en la cima del Monte. En ese sitio había un templo pagano, dedicado a Apolo; lo hizo derribar y en su lugar construyó una capilla católica. Luego con sus discípulos fue evangelizando a todos los paganos que vivían en los alrededores, y enseguida sí empezó a levantar el edificio, del cual por tantos siglos han salido santos misioneros a llevar la santidad a pueblos y naciones.

Por su mano, Dios obró mucho milagros. San Gregorio escribió su biografía de San Benito en la que narra muchos hechos interesantes que muestran su gran fe y su generosa caridad con el prójimo.

Un día en la vida del Abad San Benito. Se levantaba a las dos de la madrugada a rezar los salmos. Pasaba horas y horas rezando y meditando. Jamás comía carne. Dedicaba bastantes horas al trabajo manual, y logró que sus seguidores se convencieran de que el trabajo no es un rebajarse, sino un ser útil para la sociedad y un modo de imitar a Jesucristo que fue un gran trabajador, y hasta un método muy bueno para alejar tentaciones. Ayunaba cada día, y su desayuno lo tomaba en las horas de la tarde. Atendía a todos los que le iban a hacer consultas espirituales, que eran muchos, y de vez en cuando se iba por los pueblos de los alrededores, con sus monjes a predicar y a tratar de convertir a los pecadores. Su trato con todos era extremadamente amable, muy bien educado. Su presencia era venerable.

Su famoso reglamento se denomina “la santa regla”, fue inspirado por Dios, escribió nuestro santo un Reglamento para sus monjes que llamó “Santa Regla”. Es un documento que se ha hecho famoso en todo el mundo, y en el cual se han basado los Reglamentos de todas las demás Comunidades religiosas en la Iglesia Católica. Allí recomienda ciertos detalles de la vida de un consagrado a quien Dios llama a alcanzar la santidad por la regla de San Benito. Y los que vivieron con él afirmaban que todo lo bueno que recomienda en su Santa Regla, lo practicaba él en su vida diaria. Con estos principios, su Comunidad de Benedictinos ha hecho inmenso bien en todo el mundo en 15 siglos.

Morir de pie, como los robles. El 21 de marzo del año 543, estaba el santo en la Ceremonia del Jueves Santo, cuando se sintió morir. Se apoyó en los brazos de dos de sus discípulos, y elevando sus ojos hacia el cielo cumplió una vez más lo que tanto recomendaba a los que lo escuchaban: “Hay que tener un deseo inmenso de ir al cielo”, y lanzando un suspiro como de quien obtiene aquello que tanto había anhelado, entregó su vida a Dios.